La Plaza de Mayo, dividida por las vallas, unida por el abandono

El Gobierno de la Ciudad carece de proyectos para mantener y refaccionar la tradicional plaza. De cara al Bicentenario, los signos de deterioro persisten.

La Plaza de Mayo, que debería ser uno de los mejores espacios mantenidos de la ciudad, hoy muestra rasgos de semiabandono por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El trabajo de jardinería y de higiene que se realiza a la mañana no basta para ocultar el humillante estado en el que se encuentra esta plaza emblemática, considerada sitio histórico nacional desde 1942.

El caminar se hace difícil para las miles de personas que atraviesan diariamente la plaza delimitada por las calles Rivadavia, Bolívar, Hipólito Yrigoyen y Defensa. Trabajadores, estudiantes, turistas y vecinos deben sortear las numerosas baldosas destruidas y las partes del suelo con depresiones que se presentan a lo largo de 19.713 metros cuadrados.

Esta situación de deterioro se repite en la profusión de grafitis, stencils y pegatinas; en la falta de césped, en los canteros con sus bordes de ladrillos partidos, en la falta de tachos de basura, entre tantos indicios de abandono. “Al lugar más cívico se le falta el respeto, la valoración y la conservación. Debe ser un lugar exquisito y ornamental, no una plaza desértica como si fuera una playa de estacionamiento”, advierte Manuel Pérez Amigo, presidente de la Asociación Amigos de la Avenida de Mayo. A su vez, los visitantes reclaman un centro de información turística.


Un paseo particular por la Plaza de Mayo (video)
Fuente: Tomás A. González Ginestet

Los monumentos de la plaza son una víctima más de la desidia. El principal de ellos, la Pirámide de Mayo, necesita urgente ser pintado. Un dato curioso del descuido es la formación de un hornero en una de las esquinas de la pirámide. Las palomas parecen ser las únicas salvaguardas y compañeras de este monolito de 18 metros de altura presente desde 1811. Igualmente, es menester un rápido accionar al monumento del General Belgrano. Los grafitis y la falta de mármoles de la base llaman la atención.

 A todo esto, se agregan dos puntos controvertidos: el vallado de seguridad y los campamentos. Las vallas azuladas arribaron en plena crisis del 2001 para luego quedarse con el fin de proteger la Casa Rosada. Son aproximadamente más de 200, todas ellas dividen la plaza en dos partes. En consecuencia, el sector próximo a la Casa de Gobierno se encuentra en mejor estado en detrimento del lado cercano al Cabildo.
El centro de la plaza, ¿las vallas o la Pirámide de Mayo? - Foto: Tomás A. González Ginestet

El centro de la plaza, ¿las vallas o la Pirámide de Mayo? - Foto: Tomás A. González Ginestet

“Ojalá que saquen las vallas de seguridad; es más una decisión política y de la policía. Estéticamente es un desastre, la Plaza de Mayo tiene que ser respetada como un espacio verde para el público”, aseguró la arquitecta Laura Weber, directora de la Comisión de Patrimonio Arquitectónico y Paisajístico de la Legislatura porteña. La policía atribuye que la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, es quien determina si el cerco permanece o se quita, agrega el policía: “Hasta los turistas se sacan fotos con las vallas”.

Los asentamientos son otro dolor de cabeza para el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad. Actualmente, en la plaza conviven todo el día los veteranos y los excombatientes de la guerra de Malvinas, que piden en reclamos separados ser reconocidos por el Estado. Los primeros están hace un año y ocho meses; los segundos, hace un mes. Si bien causaban asombro a los transeúntes, hoy estos campamentos son parte del paisaje cotidiano de la plaza. “Primero nos deben reconocer, luego nos vamos”, sentencia un veterano de Malvinas.


Los veteranos de Malvinas, un punto de vista dentro de la Plaza de Mayo (Audio)
Fuente: Tomás A. González Ginestet

A pesar de la negativa imagen estética que estimulan los campamentos, éstos reflejan la esencia de la Plaza de Mayo: la libertad de expresión del pueblo. Lo fue en las presidencias de Perón, en la vuelta de la democracia en el 83, entre otros acontecimientos. “Todos somos dueños de pedir y exigir lo que nos marca la ley”, insiste el veterano. No obstante, las manifestaciones que se realizan en la plaza contribuyen a su deterioro. “Quiénes ocupan el lugar y hacen campamentos deberían pensar qué suelo están pisando”, sentenció Pérez Amigo.

Una postal típica de la Plaza de Mayo - Foto: Tomás A. González Ginestet

Una postal típica de la Plaza de Mayo - Foto: Tomás A. González Ginestet

La Plaza de Mayo sigue esperando una rápida y eficiente intervención del Gobierno de la Ciudad y de la Nación en conjunto. Weber aseguró que desde la comisión legislativa que integra no se presentó ningún proyecto al respecto, pero garantizó que con el acercamiento del Bicentenario van a aparecer propuestas solucionadoras. Si bien el Bicentenario de la Revolución de Mayo es un motivo propicio, la mítica plaza debería estar siempre mantenida en buenos términos. “Es desalentador en cuanto políticamente se usa como expresión y poderío político”, aseveró Pérez Amigo. Sería absurdo percibir con el paso del tiempo la pérdida de un espacio público vital del ciudadano argentino.

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