Los Cicerones, entre guías y amigos
No son guías de turismo profesionales, ni tampoco un grupo de aventureros improvisados. En el mundo son llamados greeters, en Argentina son conocidos como Cicerones. Para el turista, son más que un amigo.
En el mundo de las valijas y destinos, no hay métodos dominantes en cómo recorrer un lugar como Nueva York o el museo madrileño Del Prado, ni mucho menos en cómo seguir el circuito turístico de Evita. Sin embargo, existe un gran consenso en que una ciudad se puede conocer mejor si se la transita con un local. Ante la ausencia de un familiar o amigo que viva en la zona, los Cicerones de Buenos Aires serán con certeza una buena opción al turista que se encuentre de visita por las calles porteñas.
Los Cicerones conforman una ONG que se dedica al servicio de paseos turísticos guiados por voluntarios locales de forma gratuita. Sus actividades incluyen también el asesoramiento y la orientación al turista. Las visitas, que duran de dos a tres horas, son individuales y grupales, con un máximo de seis personas. Abarcan del recorrido prefabricado de Caminito, Plaza de Mayo y Cementerio de Recoleta, a lugares no convencionales, tal como una típica carnicería argentina. Esta vez, el turista puede aportar sugerencias. No es de extrañar que la salida sea fruto de la interacción entre los intereses del visitante y del conocimiento del cicerone.
Esta organización fue creada en el 2005 y hoy cuenta con aproximadamente 70 voluntarios, y más de 2300 paseos guiados. “La cantidad de visitas realizadas nos da un reflejo de cual es la percepción que tienen nuestros clientes respecto a nuestro servicio”, afirma con seguridad el presidente de la asociación, Joaquín Brenman. “Crecimos en todos los sentidos: miembros, servicios ofrecidos, menciones en sitios de viajeros y guías impresas [entre ellas, la prestigiada Lonely Planet], en haber integrado una red internacional. Hoy, luego de ocho años, somos una cosa concreta, un hecho palpable”, explica Brenman, uno de los cuatro fundadores de Cicerones de Buenos Aires (CBA).
La inspiración para crear esta organización provino de Big Apple Greeters, una iniciativa de Nueva York que hoy es líder en su rubro. Cuenta con más de 500 guías. Junto con CBA, ambas integran la Global Greeter Network. Ésta es la asociación madre de las “versiones” internacionales de los Cicerones que tiene como objetivo la interacción y el aprendizaje mutuo. Agrupa a las ONG de greeters de las ciudades de Melbourne, Toronto y París, entre otras. Brenman, que encabeza la comisión de eventos anuales, asevera: “Estar unidos con la red, implica tomar compromisos idénticos entre todas las organizaciones adherentes; que sea un servicio gratuito, en manos de voluntarios, en grupos pequeños y usando transporte publico”.
Además de los cargos mencionados, Joaquín Brenman es ingeniero especialista en temas de medio ambiente, y también… un cicerone más. Sostiene que no se puede presidir una organización sin tener la experiencia concreta de poder actuar en el terreno. Ahora, ¿qué representa ser un cicerone? Tal como lo define la Real Academia Española, el cicerone es la persona que enseña y explica las curiosidades de una localidad. No por mero capricho o invención es el nombre de la asociación. Brenman aclara que no hay ninguna diferencia entre cicerone y greeter. “Greeter en nuestro idioma no significa nada. Tratamos de hacer honor al significado del nombre [por cicerone]“, indica.
Lo que se espera de todo cicerone es amor y orgullo por la Ciudad de Buenos Aires, que le permita mostrarla gustosamente y con empatía. También, es de esperar en un voluntario el interés por tratar con la gente, y que valore el trabajo comunitario. Un requisito clave para el aspirante es hablar por lo menos dos idiomas. Además del español, los más populares son inglés, portugués, italiano, alemán y francés. Inclusive, algunos de los miembros conocen el lenguaje de señas. Sin lugar a duda, en el ABC del cicerone se encuentra la cooperación voluntaria con la organización. Esto implica el entrenamiento, las jornadas de capacitación, e involucrarse de forma activa con los objetivos y propuestas de la asociación. Desde ya, es menester en la vida de un voluntario cicerone contar como mínimo con un día al mes para la salida guiada.
La composición de los cicerones es muy variada. Las edades van de los 27 hacia los 76 años aproximadamente, no hay una proliferación de miembros en cierto rango de edad. Cada uno de ellos tiene, en su mayoría, una profesión diferente y ajena a la actividad del turismo. Tienen gustos e intereses particulares, que, junto al idioma que dominan, son los factores que permiten homologar el pedido del turista con el guía adecuado. Así lo cuenta la secretaria Cynthia Magalí Puente, la única empleada permanente de CBA.
“Ser cicerone es algo muy importante y gratificante en mi vida. Me permitió redescubrir la Ciudad, el porqué Buenos Aires es como es”, enfatiza Daniel Pena, 52 años, miembro desde el 2003. Puente remarca lo dicho: “Es gente que realmente disfruta de su trabajo (…) que tiene ganas de tomar este compromiso”. Esto explica la permanencia de la mayoría de los miembros, y que la rotación de los voluntarios sea muy escasa. Brenman relaciona este positivo resultado con el sistema de admisión y selección. Los aspirantes deben someterse a una entrevista grupal y luego a una individual. “Es gente que se acerca con un grado de interés genuino”, reconoce el líder de CBA. Puente agrega que las condiciones del servicio que presta el voluntario están muy bien marcadas, son muy claras
A su vez, la filosofía del cicerone esta intrínsecamente determinada por su relación con el turista. Se trata de hacer que el visitante conozca la ciudad de un modo diferente, seguro y agradable de la mano de un amigo. La palabra amistad es clave en el concepto de greeter. El ingeniero Brenman afirma que lo que más valora el turista del guía es su tiempo, luego sus conocimientos, su capacidad, su buena voluntad, su estado de ánimo. “Uno está acompañando y asistiendo una persona”, concluye. Por otra parte, Pena admite que lo que más le agradecen los turistas es que sea un servicio gratuito. Pena afirma que es una relación más directa, puntualiza: “Hablamos mucho más sobre lo cotidiano. La mayoría de los turistas no tienen oportunidad de dialogar con los locales. El cicerone pasa a ser prácticamente como una atracción para el turista”.
Otro rasgo que destaca a este grupo humano son las reuniones mensuales en las que se convoca a todos los miembros. En ellas se intercambian experiencias y se comunican las novedades de la organización. También, hay un encuentro anual de despedida del año, y jornadas de capacitación. Si bien cuentan con una oficina en el barrio de Once, la mayoría de las reuniones son en lugares públicos. No menores son las convocatorias anuales de la Global Greeter Network. Igualmente, el método principal de comunicación es por email y teléfono, y la reciente intranet creada. Durante la visita guiada, la única identificación que llevan los cicerones es un prendedor con el logo de la asociación.
Más allá de que Cicerones de Buenos Aires es una ONG, las donaciones son bien recibidas. Pueden provenir del aporte de entidades públicas y privadas, de socios benefactores, y de los visitantes. No obstante, menos de un 50 por ciento de los turistas contribuye con una donación.
Auspiciada por el Ente de Turismo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, CBA es un grupo humano comprometido en que los turistas mejoren la imagen que tienen de la Ciudad acorde con lo que ellos entienden de ésta. Abiertos a todo tipo de pedidos, los Cicerones son un consolidado grupo abierto con una identidad fidedigna en base al voluntariado comunitario y al fiel estilo de un greeter mundial.
Un paseo con los cicerones. Fuente: Telenoche, Canal 13
